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viernes, 25 de febrero de 2011

El sicario, room 164

Charles Bowden, escritor y periodista especializado en temas de narcotráfico y autor del libro La ciudad del crimen, entrevistó durante cinco días a un sicario mexicano. Las conversaciones fueron registradas por el cineasta italiano Gianfranco Rosi. El resultado es el documental El sicario, room 164, que ya se ha proyectado en Europa, que será visto este mes en Nueva York y que nadie en México se atreve a distribuir. Bowden entregó a Proceso una copia del filme, en el que el matón arrepentido cuenta hasta los detalles más grotescos de los crímenes que cometió.

Gianfranco Rosi
WASHINGTON, 5 de febrero (Proceso).- “Recuerdo que una vez nos envían de México para acá, a Estados Unidos, a otro compañero y a mí a hacer el trabajo, a levantar a un individuo. La orden era levantarlo y tenerlo y vinimos para acá, a este motel, y estuvimos en esta habitación. Él estuvo ahí –señala hacia la tina del baño– tres días, que fueron los tres días de tortura que le estuvimos dando”.
Así comienza el documental El sicario, room 164 cuyo protagonista –a sueldo de un cártel mexicano– revela cómo empezó su carrera en el asesinato, la tortura, el secuestro y el tráfico de drogas; detalla las formas de operar del crimen organizado y habla del alto nivel de corrupción que permea todos los niveles de gobierno en México.
Se trata de un documental de 77 minutos producido por Venezia Cinema 2010, Orizzonti-Competition, Robofilms, Les Films d’Ici, en asociación con Arte France-La Lucarne. Se realizó durante los cinco días de entrevista que el sicario le dio al escritor y periodista estadunidense Charles Bowden y al cineasta italiano Gianfranco Rosi.
“Durante el tiempo que estuvo aquí –sigue su relato– la orden fue mantenerlo; ya de ahí no sabemos qué haya pasado. La mayoría de las veces, aunque hayan pagado el dinero que debían, aunque hayan pagado el delito que tenían, mueren“.
“No hay fronteras para el narco. Ni en México, ni en Estados Unidos, ni en Colombia, ni en Costa Rica ni en El Salvador. El narco puede comprar todo, paga policías, paga aduanas, paga migración. ¿Qué tan difícil es, si mueven y mueven toneladas de drogas, mover a una persona?”
El escenario del documental es la habitación 164 de un motel en algún punto de la frontera de Estados Unidos con México. El asesino, alto, corpulento, vestido de negro, tiene el acento de los oriundos de Chihuahua. Antes de hablar frente a las cámaras se colocó una doble capucha negra para ocultar su rostro. Antes de describir su “vida profesional como sicario” se miró al espejo para asegurarse de que la capucha no revelara ni un rasgo de su cara.
“Te voy a relatar 20 años de mi vida… 20 años de mi vida dedicados al servicio del narcotráfico, del cártel”, dice al arranque de la primera parte del documental.

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