La acción nos situa en la frontera germano-belga, a finales de 1944. Un grupo de exhustos soldados alemanes, huyendo de las fuerzas aliadas, llegan a un búnker subterráneo ocupado únicamente por un viejo reservista y un adolescente, y se refugían en él. Pronto, comienzan a notar que algo extraño y maléfico flota en el ambiente del bunker mientras la tensión, el miedo y la desconfianza mutua van creciendo entre ellos.
Curiosa mezcla de generos, el bélico y el sobrenatural, algo que solo recientemente se había dado en otra película "Deathwatch" ambientada en las trincheras de la I GM. En principio, la idea que plantea "El Bunker" es atractiva, dado que la atmósfera opresiva y la tensión de un grupo de hombres acechados desde el exterior por las tropas enemigas y atrapados en un espacio claustrofóbico capta el interés inicial del espectador. Lamentablemente, tras un arranque bueno, la película se va diluyendo porque la trama no sabe desarrollar ni conjugar adecuadamente la variedad de temas que plantea. Vemos que los protagonistas se van viendo progresivamente dominados por la locura y miedo, pero sin nada que lo explique realmente. La historia sobrenatural flojea porque no acaba de sintonizar bien con el argumento principal, y ese difuso juego que hace el film alternando entre la posible trama sobrenatural y la natural no es nada convincente. Como tampoco lo es el final, en mi opinión demasiado forzado y "peliculero".
Por lo demás, las actuaciones de los actores se dejan ver, la ambientación es más que decente, y la atmósfera del Bunker está bien lograda, hay que admitirlo (en especial los uniformes variopintos y raidos de los alemanes, el armamento y el atrezzo). Quizás con un guión un poco más elaborado e inteligente esta película habría dado mucho más de sí. De cualquier modo el producto final de "El Bunker" resulta fallido, aunque no del todo malo.
(Joheunnom nabbeunnom isanghannom). Kim-Jee-woon, Corea del Sur, 2008
Por Arantxa Acosta
Sergio Leone fue el gran maestro del mal llamado 'spaghetti western', calificativo despectivo con el que el western europeo (básicamente italiano y español) fue denominado por la crítica e industria del momento (era una forma de ensalzar el cine del género americano de John Ford). Caracterizado por una estética sucia y unos arrogantes personajes lejos de ganarse nuestra empatía, diálogos muy cortos y escenas muy largas, el spaghetti western tuvo sus años de gloria en las décadas de los sesenta y setenta.
No obstante, Leone obtuvo el reconocimiento de crítica y público con una contribución al género que no podía considerarse inferior. Gran parte de su éxito la ganó gracias a la Trilogía del dólar, cuyo hilo conductor se centra en disponer de un mismo personaje principal (un joven Clint Eastwood que fue catapultado a la fama), ataviado siempre con el mismo sombrero y poncho mexicano, y una música que se convertiría en estandarte del género, brillantemente compuesta por Ennio Morricone. La trilogía la componen tres de las mejores películas rodadas durante las dos décadas: Por un puñado de dólares (1964), basada en Yogimbo (Akira Kurosawa, 1962); La muerte tenía un precio (1965) y El bueno, el feo y el malo (1966), considerada la mejor de la trilogía (que no la de género, de Leone, atribuida a Hasta que llegó su hora, 1968).
¿Y por qué toda esta introducción? Porque no podíamos empezar a hablar de El bueno, el malo, el raro sin hacer este especial homenaje/recuerdo al gran Sergio Leone, considerando que es lo mismo que ha querido hacer Kim Jee-woon con su film...
Tal y como se puede intuir por el título, el director quiso hacer su propia versión del famoso western, dotándole de elementos propios -más modernos- que aportan una frescura y ritmo básicos para que los jóvenes espectadores de hoy se suban al carro del western... y lo consiguió, con creces, además. El bueno, el malo, el raro fue número uno la taquilla de su país (Corea del Sur) durante semanas, además de conseguir en nuestro país el premio al mejor largometraje y efectos especiales en el Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges en 2008 -no en 2009 como reza su publicidad. Y es que de todos es conocido que, desde que presentó Dos hermanas en 2003, es uno de los directores con más empuje del Festival -con permiso de Takashi Miike, claro.
El formato del film es similar al original: con primerísimos planos de los personajes, combinados con espaciosos paisajes de desiertos en los que destacan tonos tierra muy exagerados y que nos hacen sentir el calor y hastío que sufren sus protagonistas, nos encontramos al bueno, al malo (un Byung-hun Lee que ya puede considerarse el actor fetiche de Jee-woon) y, en este caso, dando el tono de humor imposible de ser desligado de un film asiático, el raro. La base del argumento es exacta, también, al original: tres personajes en busca de un tesoro escondido. En este caso, no obstante, la acción se sitúa en plenos años treinta, en una Manchuria invadida por los japoneses (en la original se trata de la guerra civil estadounidense), y se completa la búsqueda del tesoro, ubicado ahora en pleno desierto y no un cementerio -al ver el film nos percatamos del porqué- con la necesidad de apoderarse de un misterioso mapa en el que se describe claramente cómo llegar hasta él. Así, Kim Jee-woon puede introducir a todos los personajes desde el inicio, con una increíble secuencia de atraco a un tren por la que sólo por ella -y la presentación inicial del águila sobrevolando las vías- ya vale la pena fijarse en este film.
Tras presentar el famoso mapa, El bueno, el malo, el raro se convierte en una galopante carrera/persecución de todos contra todos, ejército japonés incluido, hasta llegar al desenlace, en el que, cómo no, vuelve a hacer referencia al clásico de Leone con el magistral duelo en triángulo (en su momento, más que sorprendente, y años después homenajeada también por Tarantino en Reservoir Dogs, 1992).
La única pega que puede ponerse al film de Kim Jee-woon es que alarga demasiado la persecución, pudiendo recortarse unos veinte minutos de metraje sin que la trama sufra. Aún así, mantiene muy bien la atención gracias a una trepidante acción que no repite la fórmula en ninguno de sus momentos, siendo así igualmente agradable y entretenida. Un western inusual dotado de los mejores elementos del género original, que nos ha recordado también a la última incursión del también famoso Zhang Yimou en el género -con toques más que propios- con su película Sangre fácil de Zhang Yimou (2009), presentada Sitges 2010, donde paisajes y personajes pasados de vueltas son elemento común con la película de Kim Jee-woon.
Todo un lujo que este director apostase a realizar este remake libre de El bueno, el feo y el malo, plasmando su saber hacer propio (si algo puede decirse ya de este polifacético director es que es un maestro del suspense y las escenas de acción, aunque en ésta que presenta ahora se dedique básicamente a lo segundo) y haciéndonos olvidar comparaciones odiosas con la original -cosa loable de por sí. Recomendable para amantes del western, en general, y del director, en particular, donde encontrarán una faceta poco propia de un autor que nos tiene más acostumbrados a pasar absoluto terror con thrillers del estilo como el ya comentado, Dos hermanas, o el que debería estar a punto de estrenarse -o al menos eso esperamos- I saw the devil, cine en mayúsculas.
Festival y galardones:
Festival de Sitges 2008. Premio Mejor director: Kim Jee-woon.
Tres peculiares personajes y muy dispares cruzarán sus destinos en la conflictiva era Edo (o período Tokugawa). Por un lado está Mugen, un vagabundo que no respeta a nada ni a nadie salvo a lo que a él le da la gana y cree conveniente en el momento, con un estilo muy particular de lucha (recuerda al breakdance); por otro, Jin, un sobrio y taciturno espadachín errante con un método más tradicional pero no por ello menos efectivo de luchar, que desde el primer momento cruzará la espada con Mugen; y entre medias de ambos, Fuu, una inocente y efusiva muchacha que se gana la vida en una casa de té y que tiene un objetivo en su vida: Buscar al samurai que huele como los girasoles. Particularidades de la historia de Japón y su cultura, teñidas con ciertas pinceladas de hip-hop y de la cultura de Occidente.
Zen es una chica autista, fanática del chocolate y las películas de acción. Vive tranquila con su madre y su primo, en una humilde casa, ganando algo de dinero en las calles poniendo a prueba sus reflejos. Pero un día esa tranquilidad termina, su madre inicia un tratamiento contra el cáncer que la aqueja, separándose de Zen y llenándola de preocupación por los evidentes problemas de dinero que tienen. Entonces ella y su primo saldrán en busca de los antiguos deudores de su madre, escritos en una vieja libreta. Uno a uno, pagarán al conocer la fuerza de Zen y sus habilidades marciales aprendidas por televisión. Pero lo que nuestra protagonista desconoce, es que esos deudores pertenecen a la época gangster de su madre, y que su antiguo jefe, el rey de la mafia tailandesa, está deseoso por un reencuentro.
Yo opino: Siendo del mismo director que lanzó a la fama a Tony Jaa, pues está demás decir que aquí la historia y la calidad interpretativa son lo de menos, todo gira en favor de mostrar las increíbles habilidades de Jeeja Yanin para las artes marciales. Y en esa misión, claro que tienen éxito. Son cuatro las escenas de acción que conforman esta película, todas coreografiadas con un humor y tenacidad que recuerdan a las mejores épocas de Jackie Chan, además de un clímax final de más de media hora de patadas aéreas y golpes de katana. Son esas escenas las que sostienen toda la película, pero igual hay ciertas secuencias dramáticas que vale la pena mencionar, como el momento en que Zen descubre que su madre se está quedando sin pelo. Y aunque la banda sonora casi ni se nota, cuenta con algunas canciones que me gustaron bastante, como la que se oye mientras vemos a Zen creciendo y cuando enfrenta su miedo a las moscas.
Homenajes: Zen memorizó los mejores movimientos de sus ídolos del cine de artes marciales, es así como podemos encontrar pequeñas referencias a ellos. Tenemos la segunda escena de acción, en una fábrica de hielo, homenaje a una escena que Bruce Lee tenía en el mismo lugar. Creo que es El Gran Jefe, corríjanme si me equivoco. Algunos dicen que Zen recordó esta película y fue por eso que comenzó a pelear con esos gritos y esas expresiones. Otro guiño a un grande, es la forma que tiene Zen de comer chocolates, igual a la que tenía Jackie Chan para comer sus quesitos en La Armadura de Dios. También dicen que hay un homenaje a Jet Li, pero no sé identificarlo bien ¿Será por la forma en la que Zen pelea utilizando una vara? Un homenaje sin vergüenza alguna es la que se hace a Tony Jaa y todas sus películas con este director. Aquí podemos ver a nuestra protagonista viendo Ong Bak y El Protector en la televisión ¿Por qué no pusieron una de Bruce Lee también, si se hace una referencia tan clara a él?
En fin, comedia, muay thai, y mucho chocolate. Altamente recomendable para los amantes de la acción.
Varsovia, Diciembre de 1942. Cuando una prostituta que trabajaba para los alemanes aparece salvajemente asesinada, el Mayor Grau (Omar Shariff) recibe el encargo de investigar el crimen. Grau descubre por un testigo que el asesino es un general alemán, lo que reduce el círculo a tres posibles sospechosos: el general Seidlyltz-Gabler al mando de la guarnición de Varsovia, su ayudante el general Kahlenberg, y por último el General Tanz (Peter O´Toole), un nazi fanático llegado a Varsovia al mando de la división panzer de la SS Nibelungen con la misión de aplastar a los grupos de la resistencia polaca. Pese a los vaivenes de la guerra, el mayor Grau, decidido a esclarecer el asesinato, continuará la investigación incluso a costa de enfrentarse a sus superiores.
Puede afirmarse que “La noche de los generales” es una de las películas más atípicas que se hayan producido dentro del género bélico; tanto por su inusitada densidad argumental, como por su insólita variedad temática. En ese sentido, estamos ante un film que combina elementos típicos del cine bélico, con otros propios del thriller policiaco, mostrando una investigación que se prolonga a lo largo de más de dos décadas; todo ello aderezado con una subtrama romántica de fondo. De esta forma, partiendo del crimen que sirve de punto de partida argumental, la película abarca varias lineas narrativas, con la investigación del Mayor Grau como leiv motiv central, investigación que se vera imbricada con la conspiración del atentado contra Hitler del 20 de julio de 1944.
El principal problema que lastra la película es que esta no logra encajar bien todas las lineas argumentales que plantea, principalmente porque no termina de centrarse plenamente en ninguna de ellas. En primer lugar, la investigación del mayor Grau -que se supone el eje central de la narración- resulta en conjunto bastante anodina, y queda más bien en un segundo plano durante gran parte del metraje. Por otro lado, tampoco la parte bélica resulta esencial, de modo que la película gira más en torno al personaje del General Tanz, que viene a ser la figura central de la historia, cobrando una relevancia desmedida dentro de la misma. A esto se le une el hecho de que la narración resulta un tanto confusa, al ir saltando de una línea narrativa a otra, lo cual impide que el espectador se enganche realmente a la historia. Además, el romance que se introduce a propósito del romance que surge entre dos personajes secundarios como el cabo Hartman y la hija del General Gabler, no aporta nada argumentalmente relevante y bien podía haberse suprimido sin mermar la historia principal.
Pese a ello, hay que reconocer que el film es destacable en varios aspectos. El primero de ellos es el de contar con un reparto estelar plagado de buenos actores: Peter O´Toole, Omar Sharif, Donald Pleasance, Christopher Plummer… etc. De los actores principales, O´Toole, pese a mostrar un punto de sobreactuación en más de un momento, compone un buen personaje como Tanz, mientras que Sharif en el papel de Grau demuestra su oficio si bien opino que físicamente no da el tipo de oficial alemán por motivos obvios. Por añadidura, el film tiene la buena factura y el innegable regusto artesanal típico de las producciones de los años 60, destacando la cuidada ambientación y puesta en escena, especialmente destacable en la recreación de los combates callejeros en Varsovia, donde, por cierto, los tanques alemanes están convenientemente “maquillados” para parecer auténticos Tigers, lo cual es todo un detalle.
En definitiva, “La noche de los generales” es una buena película, de esmerada factura y con un gran reparto, pero que dista de ser redonda, principalmente porque no termina de desarrollar suficientemente ninguno de los temas que apunta y porque todas las piezas del guión no quedan bien encajadas al final. Pese a ello, es un film aun estimable hoy dia.