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sábado, 15 de octubre de 2011

Zero




El Mitsubishi A6M "Zero" fue un caza embarcado empleado por la Armada Imperial Japonesa desde 1940 hasta 1945.
Aunque el nombre en código oficial de los Aliados era Zeke (pronunciado Zik en inglés), es universalmente conocido como Cero (o Zero en inglés) por su designación naval japonesa: caza embarcado Tipo 0, rei shiki kanjo sentoki (零式艦上戦闘機 (rei=cero, shiki=tipo, kanjo=embarcado, sentoki=caza). Los japoneses tenían una contracción oficial de Rei sentoki ("caza cero"), Rei-sen, pero utilizaban más familiarmente la de Zero-sen, pues las palabras inglesa "zero" y francesa "zéro" fueron introducidas en Japón desde finales del siglo XIX, cuando el Japón de la era Meiji empezaba a recibir ingenieros y científicos franceses e ingleses con la intención de constituirse una industria y un ejército modernos y poderosos.

Nacido de una petición de un caza naval en mayo de 1937, el primer prototipo pudo despegar para las pruebas de vuelo en marzo de 1939.

Una combinación de excelente maniobrabilidad y un muy largo alcance hicieron de él uno de los mejores cazas de su época, ganando una reputación legendaria, pero la fragilidad de su diseño, en aras de un peso reducido, y la falta de motores más potentes acabaron por condenarlo frente a oponentes cadavez más capaces.

Códigos de identificación

Código de proyecto
A partir de 1931, cuando un avión militar japonés (destinado ya sea al Ejército Imperial o a la Armada) empezaba a ser concebido en las mesas de diseño de los ingenieros aeronáuticos, se le atribuía un nombre de proyecto basado en el año en curso del reino del emperador. En el caso del A6M el reino en curso era el del Emperador Shōwa, cuyo verdadero nombre era el hoy en día bien conocido Hirohito. Al número de ese año se le llamaba el número Shi. El Mitsubishi A6M, antes de llamarse así, antes incluso de determinarse si iba a ser fabricado por la empresa Mitsubishi, fue un proyecto de caza embarcado lanzado en el duodécimo año de la era Showa (1937). Su nombre de proyecto fue pues Caza embarcado 12 Shi.

Código de tipo de aparato
Utilizado por la Armada y el Ejército a partir de 1939, este código atribuía un número de tipo a cada avión japonés, número basado en las dos últimas cifras del año del calendario imperial japonés en que el aparato entraba en servicio. Por ejemplo el Mitsubishi G3M fue un bombardero-torpedero entrado en servicio en el año 2596 del calendario imperial (1936), recibió en consecuencia el código de identificación Bombardero-torpedero de tipo 96. El Mitsubishi A6M entró en servicio en el año 2600 del calendario imperial (1940). Para los aviones entrados en servicio en ese año se ignoró el doble cero y se les llamó simplemente de tipo 0. El A6M fue por tanto el Caza embarcado de tipo 0. Este sistema de designación fue el que le dio al Cero su nombre más popular, tanto entre las tripulaciones que lo pilotaron como entre sus adversarios.

Código de la Armada Imperial
Cuando un aparato entraba en servicio en la Armada Imperial, ésta le atribuía su propio código de identificación. El código de la Armada estaba basado en una serie de cuatro caracteres: una letra que correspondía a un tipo de aparato ("A" en el caso de los cazas embarcados), una cifra que correspondía al número de modelos diferentes habidos hasta ese momento (el Mitsubishi A6M fue el sexto caza embarcado en entrar en servicio en la Armada Imperial Japonesa), una letra, la inicial del nombre del fabricante ("M" en el caso del Mitsubishi A6M) y finalmente una cifra que correspondía al número de versión: A6M1, A6M2, A6M3, A6M4, A6M5, A6M6, A6M7 y A6M8 en el caso del Mitsubishi A6M, pero las versiones A6M1, A6M4, A6M6 y A6M8 nunca entraron en servicio, se quedaron en el estado de prototipos experimentales. La primera letra indicaba el tipo de aparato, pero cuando un tipo de aparato se extrapolaba a partir de otro la letra original era conservada y la correspondiente al nuevo tipo de aparato se añadía al final. Por ejemplo el A6M2 fue extrapolado en una versión hidroavión de caza pero también en una versión biplaza de entrenamiento. El hidroavión de caza recibió el código de identificación A6M2-N ("N" para "hidroavión de caza") y a la versión de entrenamiento se la llamó A6M2-K ("K" para "avión de entrenamiento").

Código aliado
En el curso del año 1942, a medida que combatían cada vez más con los aviones japoneses los estadounidenses establecieron un código de identificación de los aviones nipones. Esencialmente los bombarderos recibían un nombre de pila femenino (por ejemplo "Betty" en el caso del bombardero de la Armada Mitsubishi G4M) y los cazas recibían un nombre de pila masculino (por ejemplo "Oscar" en el caso del caza del Ejército Nakajima Ki-43). El Mitsubishi A6M era un caza, así que se le atribuyó el nombre masculino de "Zeke", abreviación americana de "Ezekiel" ("Ezequiel" en castellano).

No se conoce con certeza la razón por la que se eligió este nombre en código. Es posible que el origen se encuentre en un personaje de los estudios Walt Disney. En 1933 Walt Disney ganó su segundo oscar por un cortometraje animado: The three little pigs (« Los tres cerditos »). En este corto de animación el Gran Lobo Feroz (Big Bad Wolf, único nombre oficial del personaje en 1933) intentaba comerse a los tres cerditos, pero sin conseguirlo nunca. La película tuvo tanto éxito que el público reclamaba sin cesar que se realizaran nuevas aventuras del lobo y los cerditos. Durante los años treinta, y en respuesta a esta demanda, Disney produjo hasta tres nuevos cortometrajes, y también una serie de comics que empezó en 1936 y en la que al personaje del lobo se le dio un nombre y un apellido: Zeke Midas. Cuando los pilotos americanos entraron por primera vez en contacto con el Zero (en 1941 y 1942), éste último los abatía sistemáticamente, este nuevo adversario aéreo parecía invencible y tan sólo verlo aparecer en el cielo podía sumirlos en el pánico. Es por eso que llamaron al Mitsubishi A6M "el Gran Lobo Feroz", en recuerdo del dibujo animado que habían visto cuando eran niños en 1933. Teniendo en cuenta este apodo dado al A6M por los propios pilotos americanos (y teniendo en cuenta también que éstos leían asiduamente los cómics de la época) tal vez el nombre en código Zeke apareciera como el más apropiado a la oficina estadounidense que atribuía esos nombres en código. No hay en cambio datos de que el nombre del personaje de Walt Disney sea realmente el que inspiró el nombre en código finalmente atribuido.

Dos versiones de Cero fueron sin embargo suficientemente diferentes de la forma general del avión como para que los americanos las confundieran con un nuevo tipo de aparato y les atribuyeran su propio código de identificación. A la versión de hidroavión de caza (A6M2-N) se la llamó Rufe y al A6M3-32 (cuyos bordes de ala eran rectos y no redondeados, lo que causó la confusión) se la llamó Hamp. A éste último se le llamó primero Hap, en honor al comandante en jefe de la USAAF, el general Henry Harley Arnold. Arnold tenía varios apodos pero Hap se le había quedado desde su infancia. Una tía suya lo llamaba siempre Happy ("contento", "feliz"), pero con el tiempo el apodo se le quedó abreviado en Hap. El general no apreció que se le diera su apodo a un avión japonés pues según él los pilotos americanos no se privarían de hacer bromas del tipo "acabo de derribar un Hap", haciendo en realidad referencia a su comandante en jefe. Arnold pidió pues que el código de identificación del supuesto nuevo avión japonés fuera cambiado y el servicio encargado de atribuir dichos códigos de identificación añadió una "m" en medio de la la palabra, bautizando Hamp al aparato, lo que en inglés no significa nada. Sólo más tarde los aliados se dieron cuenta de que en realidad se trataba de un Zeke, pero el nombre en código Hamp persistió en la jerga de los pilotos aliados para referirse al A6M3-32.

Características
El A6M era un monoplano de ala baja con estructura enteramente metálica y tren retráctil. El ala unía las ventajas de una notable ligereza con una elevada robustez a todo tipo de acrobacias, pero adolecía de una grave carencia de resistencia estructural tras ser dañada en combate, partiéndose con gran facilidad tras ser alcanzada por algunos disparos, lo que conllevaba una inmediata barrena y un incendio catastrófico de los depósitos alares de combustible.

Para evitar dar más peso al "Zero", en los primeros modelos no figuraban ni blindaje para el piloto ni depósitos de combustible auto sellantes, que no fueron introducidos hasta el tipo A6M5, ya avanzada la guerra.

El motor, inicialmente un Zuisei 13 de 780 HP, será pronto substituido (en las versions A6M2-11 y A6M2-21) por un Nakajima Sakae 12 de 980 HP. Las versiones A6M3, A6M5 y A6M7-62 fueron motorizadas con el Sakae 21, motor de 14 cilindros en doble fila de 1.130 HP equipado de un compresor de dos velocidades. Este último permitirá llegar a una velocidad de 560 km/h y a una autonomía de hasta 1.922 km en las diferentes variantes de A6M5, gracias al empuje adicional de sus tubos de escape, ausentes en versiones anteriores al A6M5. La única versión de Zero-sen en ser producida en serie con el Sakae 31 (también de 1.130 HP de potencia) fue el A6M7-63. El motor Nakajima Kinsei, de 1300 HP, fue integrado a la versión A6M8, pero esta última nunca fue fabricada en serie.

El armamento al principio más bien ligero, fue luego notablemente incrementado, pero será siempre inferior al americano, que tenía como arma básica la ametralladora de 12,7 mm (entre 6 y 8) mientras que el japonés se basaba generalmente en 4 armas, si no menos: 2 de 7,7 mm y o bien otras 2 de 13,2 mm o 2 cañones de 20 mm.

Dueño indiscutible del cielo durante el primer año de guerra, a partir de 1943 empezó a perder la supremacía aérea al aparecer cazas estadounidenses más potentes, como el Grumman F6F Hellcat. Era el principio de la derrota. Los últimos "Zero" participaron en los ataques "kamikaze" contra barcos norteamericanos y como interceptores contra las escuadrillas de Boeing B-29.

Variantes
A6M1

De esta variante se fabricaron dos prototipos, propulsados por un motor Mitsubishi Zuisei 13 de 780 hp. El primero de ellos voló en Kagamigahara el 1 de abril de 1939, demostrando unas cualidades extraordinarias, a excepción de su velocidad (489 km/h), que casi le hizo perder el contrato. Se probó una hélice de velocidad constante lo que le permitió una mejoría en las prestaciones globales, pero aún así, se necesitaba más potencia.

A6M2 Modelo 11

Versión inicial de producción impulsada por un motor Sakae 12 de 940 hp, con un armamento de 2 cañones de 20 mm en las alas y 2 ametralladoras de 7,7 mm; envergadura de 12 m y peso normal en despeque de 2410 kg; los aparatos iniciales del lote, así como los que, a partir del 22 º ejemplar de producción, incorporaron el larguero trasero reforzado, se denominaron A6M2 11.

A6M2 Modelo 21

A partir del número 65, las puntas alares podían plegarse de forma manual.

A6M2-K

Versión biplaza de entrenamiento con doble mando del A6M2.

A6M2-N

Versión hidro del A6M2 con un flotador principal y dos flotadores alares; peso normal en despegue 2460 kg.

A6M3 Modelo 32

Modelo mejorado, propulsado por motor Sakae 21 de 1130 hp, a partir del cuarto ejemplar, se incrementó la munición de los cañones de 20 mm; los últimos aparatos de la serie tenían las puntas de las alas cuadradas y una envergadura de 11 m, el peso normal en despegue era de 2544 kg.

A6M3 Modelo 22

Igual que el A6M3 Modelo 32, pero con una envergadura de 12,00 m.

A6M4 Modelo 41

Desfortunada versión experimental con motor Sakae turboalimentado.

A6M5 Modelo 52

Es un A6M3 mejorado con recubrimiento alar más grueso, puntas alares redondeadas y escapes de incremento de potencia, su peso normal en despegue es de 2733 kg.

A6M5a Modelo 52a (A6M5 Modelo 52 KO)

Derivado del A6M5 con revestimiento alar más grueso y con cañón Tipo 99 Modelo 2 Serie 3 mejorado.

A6M5b Modelo 52b (A6M5 Modelo 52 OTSU)

A6M5 mejorado con protección extra, sistema de extinción de incendios para los depósitos y una de las ametralladoras de 7,7 mm reemplazada por otra Tipo 3 de 13,2 mm

A6M5c Modelo 52c (A6M5 Modelo 52 HEI)

Modelo más mejorado, con dos ametralladoras Tipo 3 de 13,2 mm añadidas por fuera de los cañones alares, blindaje tras el piloto, mayor capacidad para combustible y afustes para ocho cohetes no guiados aire-aire de 10 kg.

A6M6 Modelo 53
A6M5c mejorado con motor Sakae 31 de 1.210 hp e inyección de agua/metanol, y depósitos alares autosellantes.
6M7 Modelo 62
M7 Modelo 63

Versión de bombardeo en picado del A6M6c, prevista para su empleo en pequeños portaaviones; provisión para una bomba de 250 kg y soportes subalares para dos depósitos de 350 litros de combustible.

A6M8c Modelo 64
Modelo mejorado con motor Kinsei 62 de 1560 hp; desprovisto de armas en el capó del motor, y con mejor protección; peso normal en despegue 3150 kg.

sábado, 10 de septiembre de 2011

La Lista Negra



Black Book / Zwartboek
Dir. Paul Verhoeven 145 min. Holanda – Bélgica – Inglaterra – Alemania

Intérpretes: Carice van Houten (Rachel/Ellis), Sebastian Koch (Ludwig Müntze), Thom Hoffman (Hans Akkermans), Halina Reijn (Ronnie), Waldemar Kobus (Günther Franken), Derek de Lint (Gerben Kuipers), Christian Berkel (General Käutner), Dolf de Vries (Notary Smaal)

Estreno en el Perú: 27 de diciembre de 2007

Una primera característica de esta película es su puesta en escena realista y objetiva, centrada en la narración misma y donde los sentimientos de los protagonistas aparecen semi ocultos todo el tiempo; debido a la omnipresencia del contexto de la guerra y, luego, del terror de la posguerra. Seremos testigos, entonces, del relato de una especie de Mata Hari judía-holandesa implicada en una triple persecución –como judía, como espía y como presunta traidora– en un enrevesado thriller histórico dirigido con maestría por Paul Verhoeven. Es una película que profundiza en sus fuentes reales e históricas de una manera más rica y, a la vez, cuestionadora; porque, como sabemos, la realidad siempre superará a cualquier ficción. Lo cual es aun más válido en el caso de la realidad de la guerra.



Este filme empieza en un kibbutz israelí en 1956, donde una turista de visita en tierra santa se encuentra con una amiga judía que conoció en Holanda, durante la guerra. A partir de este encuentro, Ellis DeVries –seudónimo de Rachel Stein (interpretada por Carice van Houten)– empieza a recordar su extraordinaria aventura de poco más de una década atrás, hacia el fin de la segunda guerra mundial y cuando los nazis aceleraban su obsesiva carrera para asesinar a los judíos durante su retirada definitiva. Seremos testigos, entonces, del relato de una especie de Mata Hari judía-holandesa implicada en una triple persecución –como judía, como espía y como presunta traidora– en un enrevesado thriller histórico dirigido con maestría por Paul Verhoeven.

Una primera característica de esta película es su puesta en escena realista y objetiva, centrada en la narración misma y donde los sentimientos de los protagonistas aparecen semi ocultos todo el tiempo; debido a la omnipresencia del contexto de la guerra y, luego, del terror de la posguerra. Y es que el conflicto no puede ser más agudo: Rachel (o Ellis) es una judía que debe unirse a la resistencia holandesa para salvar el pellejo de los nazis, hasta convertirse en una espía y luego en una, hasta cierto punto, contraespía; todo ello sazonado con desoladoras escenas bélicas, cadáveres exhibidos en diversas circunstancias y desnudos explícitos puestos al servicio de un sexo frío y por momentos escalofriante. No obstante, el filme nunca cae en el morbo ni se solaza en un enfoque de ultraviolencia. Su gran mérito es utilizar escenarios realistas y centrarse en un guión sabiamente armado para presentar claramente los continuos e inesperados giros del insólito relato –saturados de dilemas políticos y éticos–, manteniendo el interés hasta el final.

Dado que al inicio del filme prácticamente se nos presenta su epílogo –mostrándonos parte del desenlace–, el reto del director consiste en organizar el argumento en torno a averiguar quién es el traidor en toda esta historia; en un contexto en que el “blanco contra negro” inicial van orientándose cada vez más hacia los grises y una penumbra (física y emocional) permanente; y donde pareciéramos estar en esas situaciones borgianas donde se confunden héroe y traidor todo el tiempo. La acción transcurre muchas veces de noche, en refugios clandestinos (que incluso en tiempos de paz nos remiten a la muerte) y en unos relativamente brumosos canales que caracterizan el paisaje de la costa holandesa; ello acompañado por una música apropiada para marcar la tensión y sobresaltos del relato. Con la ventaja de que la acción se desarrolla en un relativamente corto, pero intenso, período de tiempo: los meses finales de la segunda guerra mundial. Pero no se trata aquí sólo de la maestría del guionista Gerard Soeteman, sino del enfoque político e histórico complejo –y provocador– que encierran las situaciones planteadas y resueltas en una película que, desde el comienzo, informa estar basada en hechos reales.

La situación inicial pareciera ser la del Diario de Ana Frank; es decir, el de una refugiada judía que es protegida por familias holandesas. No obstante, la protagonista sufrirá, incluso en ese contexto, los prejuicios no sólo de los nazis, sino también los de sus católicos protectores y (cuando debe unirse a la resistencia) correligionarios. Y, de hecho, esto se entremezcla con las contradicciones generadas en el propio movimiento antifascista a partir del robo a los judíos ricos que buscaban escapar de la persecución nazi. El examen de esta situación va mucho más allá de la visión más simplista y limitada que presenta, por ejemplo, La lista de Schindler, y se aproxima –en este aspecto– a la radicalidad de la película húngaro-alemana La canción del pianista. Por otra parte, las oscuras componendas y traiciones que corroyeron a la resistencia en los países ocupados por Hitler que presenta la película que comentamos, nos recuerda también a El ejército de las sombras de Jean Pierre Melville; cuyos claroscuros están quizás más acentuados en este filme de Verhoeven. Igualmente, encontramos aquí la misma relación sentimental entre el amo y la esclava que caracteriza a la polémica Portero de noche, de Liliana Cavani; y, por el bando nazi, el tipo de conflicto que se presenta también en La caída, el filme de Oliver Hirschbiegel que narra los últimos días del dictador alemán. Cabe precisar que si bien La lista negra puede incluir todas estas ricas y polémicas referencias –brillantemente compactadas e integradas, y con una sólida cohesión dramática–, se trata de una película sustancialmente distinta a las mencionadas. Es una película que profundiza en sus fuentes reales e históricas de una manera más rica y, a la vez, cuestionadora; porque, como sabemos, la realidad siempre superará a cualquier ficción. Lo cual es aun más válido en el caso de la realidad de la guerra.

Y aquí entramos a otro de los grandes aportes de la película que comentamos; es decir, su enfoque sobre la guerra. Posiblemente esta es una de las obras en las que se muestra cómo la guerra saca a flote lo peor del ser humano y cómo eso puede llegar a estar por encima de los valores positivos que pueden asociarse con las causas y banderas en disputa; más aun, las situaciones límite generan en los bandos en pugna la necesidad de preservar la vida humana. En este contexto, nuestra heroína, como bien dice el afiche de la película, “con tal de sobrevivir será capaz de todo”. Y, en realidad, todos los personajes deberán ser “capaces de todo” y renunciar a convicciones, desobedecer órdenes, someterse a poderes que no controlan, ser traicionados y sacrificar su vida en muchos casos inútilmente. Volviendo a la situación de Ellis, ella requiere y busca afecto y compañía, pero nunca podrá tenerlos; siempre deberá ocultar sus verdaderos sentimientos o limitarlos a relaciones fugaces con finales trágicos. No obstante, ella no teme tomar iniciativas en el terreno sexual y sentimental; las que constituyen el componente más provocador y polémico de la película, ya que describen su capacidad de agencia para sobrevivir en un contexto vital extremadamente adverso. Paralelamente, deberá soportar todo tipo de situaciones humillantes y peligrosas; viviendo al borde de la muerte, aunque siempre desafiante.

También son enjuiciadas las consecuencias de la guerra, la situación reinante con la llegada de la paz; en la que, no en vano, nuestra heroína dirá “jamás he tenido tanto miedo de ser liberada”. (Situación parecida –aunque ignorada– por los cientos de miles de prisioneros soviéticos en los campos de concentración alemanes que, al ser liberados tras la guerra, pasaron directamente al Gulag stalinista.) La protagonista misma deberá luchar por su vida y demostrar su inocencia hasta el final. Pero incluso entonces, el filme concluye con un final abierto que es todo un acierto pues coloca esta tremenda historia en un contexto histórico aun mayor… y actual.

Desde un punto de vista político, es una de las pocas películas en la que vemos a los judíos –al menos a una de ellos– asumir una posición de activa lucha contra los nazis. Pero tal compromiso obedece a un enfoque muy personal de Verhoeven, ceñido –aparentemente– a los hechos narrados por la protagonista. En ese sentido, vemos que la protagonista se defiende y soporta todo (y “será capaz de todo”) para defender su condición de judía. Tanto así que ha invertido lo recuperado en Europa para construir un kibbutz en honor a su familia en Israel. Esto supone una toma de posición a favor del Estado judío, pero también insinúa otra lectura que podría ofrecer el filme, es decir, que los judíos han tenido que “ser capaces de todo” para sobrevivir al Holocausto y la persecución. Rachel Stein podría simbolizar entonces a quienes, como Menájem Beguin, fueron “capaces de todo” (léase, acciones terroristas) en nombre de la “sobrevivencia” de esa nación. En otras palabras, la película podría estar del lado de los “halcones”, los fundamentalistas y los guerreristas más radicales en Israel; además, por que muestra la doble discriminación (la de ambos bandos) que sufre la heroína por ser judía. Aunque, por otro lado, ella exhibe un relativismo moral (aunque aparentemente justificado por las circunstancias) que les podría resultar inaceptable.

En ese sentido, merece una mención especial la presencia de un personaje secundario de la resistencia, quien podría representar ese tipo de temperamento político conservador; y del que Verhoeven se sirve para introducir un elemento irónico para oxigenar las brutales tensiones del filme. Es el ayudante de Akkermans, quien teme matar por razones morales y siente todo tipo de remordimientos ante la posibilidad de hacerlo o de que ello simplemente ocurra; sin embargo, en cierto momento, “cose” a balazos a un enemigo, únicamente porque “maldijo”. Hay en este abrupto cambio de comportamiento una sutil puntualización del director para soportar su cuestionamiento hacia las posturas rígidamente morales y religiosas (blanco contra negro) a favor de un comportamiento más flexible, condicionado por las circunstancias de la guerra; el cual es vívidamente defendido por la protagonista.

Quisiera concluir observando que entre Rachel Stein y la protagonista del filme peruano Madeinusa hay algunos puntos de contacto. En primer lugar, ambas están fuertemente condicionadas ya sea por el contexto bélico (pero también de persecución religiosa), como por el cultural. Y ambas son mujeres que –sin poder (ni querer, en el caso de Madeinusa) romper estos condicionamientos– toman iniciativas transgresoras, tienen agencia y utilizan su condición (de género subordinado) para alcanzar sus objetivos. En tal sentido, ambas películas rompen esquemas (por ejemplo, en el plano del comportamiento sexual) y cuestionan sentidos comunes establecidos; sin preocuparse con chocar con lo “políticamente correcto”. Aquellos que cuestionaron Madeinusa por “racista” pueden comprobar que es posible hacer películas aún más provocadoras, que se prestan a interpretaciones más diversas y contrapuestas y que presentan dilemas aun más amplios (por el contexto histórico mundial en el que han transcurrido y transcurren hasta hoy); como es el caso de La lista negra.

lunes, 29 de agosto de 2011

“La Rosa de Guadalupe” inspira suicidio de niña de 10 años



Cada determinado tiempo, en los medios aparece alguna noticia trágica de algún niño lastimado por imitar algo que vio en la TV, en el cine o en un videojuego. Todos hemos escuchado historias sobre chicos que vuelan desde la azotea tratando de parecerse a Superman, infantes que se lesionan a golpes por alguna serie violenta, entre otras anécdotas de la nota roja. El caso que ahora sacude a la gente es el de una niña de 10 años en Piedras Negras, vivirmexico.com/2011/08/rosa-guadalupe">quien se suicidó para reencontrarse con su familia; una idea que sacó del programa de TVLa Rosa de Guadalupe.

Itzel Elvira Murillo había visto un episodio de esta serie, cuya trama gira acerca de una niña que vive el divorcio de sus padres. Desesperada, decide suicidarse para que su familia le preste atención. Como en todos los episodios del programa, la Virgen de Guadalupe intercede para revivir a la chica, de modo que que padres e hija se reconcilian y deciden no romper con el núcleo familiar.

De acuerdo con el testimonio de las compañeras de clase de Itzel, la niña solía pasar las tardes sola y se sentía abandonada. Identificada con la situación, optó por quitarse la vida el 16 de agosto —día de su cumpleaños— para que la Virgen hiciera el milagro de revivirla. Según otra de sus compañeras, Itzel ya había externado su deseo de que la fuerza divina la ayudara a salir adelante.
El caso da para hablar de muchas aristas. En Twitter, el suicidio de esta niña ha creado crítica en torno a cómo se tratan los temas en La Rosa de Guadalupe. Este programa forma parte de una tradición de series melodramáticas, cuya justificación es que “enseñan” a las familias sobre diferentes situaciones “cotidianas”. Shows como Mujer… casos de la vida real o Lo que callamos las mujeres están encuadrados dentro de este género.
Este tipo de programas son bastante polémicos porque se presume una intención didáctica, como el fomento de valores o la cultura de la denuncia —en especial en los orientados al público femenino—. Sin embargo, también se basan en muchísimos estereotipos raciales, de género, sociales, económicos, entre muchos otros. A La Rosa de Guadalupe habrá que agregarle el hecho de que está basado en la religión católica, por lo que sus mensajes son percibidos por una parte de la población como un esfuerzo para imponer dicha ideología.
Podría gastar varios párrafos hablando sobre lo cuestionable del contenido, pero otro tema salta a mi atención. ¿Por qué una niña de 10 años se sintió deprimida al grado de considerar un suicidio? Sí, el programa puede fomentar muchas acciones con las que estemos en desacuerdo, pero no me parece coherente si ahora nos rasgamos las vestiduras por eso. La emisión pudo ser un factor —después de todo, de ahí salió la idea— pero deberíamos servirnos como una llamada de atención para mirar hacia el abandono familiar, hacia un fomento a la recepción crítica de los medios y hacia la detección de conductas de riesgo. Atendamos las raíces, no los síntomas.

Last Train Home



Cada primavera, al llegar el Año Nuevo, las principales ciudades chinas se sumergen en el caos cuando una marea humana intenta regresar a sus hogares en tren. Se trata de la migración humana más caudalosa e impactante del mundo, formada por cerca de 150 millones de trabajadores migrantes de origen rural que regresan a sus hogares para reunirse con sus familias. Las casas que buscan están en las comunidades que dejaron atrás, tratando de conseguir un trabajo en las ciudades costeras que viven el boom económico. Documental ganador de múltiples premios internacionales que nos sumerge en los fracturados destinos individuales de los miembros de una familia de migrantes. Como nunca antes, revela el impacto interno del milagro económico chino.